La furgorruta por Francia y Bélgica (III)

Llegó por fin la que habíamos marcado como una de las paradas estrella de nuestro camino, el Monte Saint Michel. El mundo de dragones, doncellas y caballeros con armaduras que le ofreció a nuestra imaginación superó nuestras expectativas con creces.

La furgo se quedó en el parking y desde allí  elegimos, entre las tres opciones posibles (bus lanzadera, coche de caballos y a pie), atravesar el puente andando. Acercarse poco a poco hacia la abadía es ir introduciéndote en un cuento medieval. Su silueta se impone majestuosa ante cualquiera que se vaya acercando a sus puertas, retrocediendo diez siglos al atravesarlas.

Ya dentro de las murallas, empedradas y empinadas calles susurran sus misterios a todo aquel que quiera escucharlos. La primera parada en la iglesia de San Pedro sirve para ir conectando con la esencia del lugar antes de llegar a la misteriosa Abadía que corona el monte, lugar ideal para ver la subida de la marea que, como dice la leyenda, sube cual caballo al galope para inundar casi por completo la bahía. Tuvimos la ocasión de verlo desde la terraza siendo una experiencia altamente recomendable a pesar del frio viento (lleva una chaqueta aunque sea verano y vete dos horas antes de la hora de pleamar prevista en la tabla oficial de mareas).

Tras una visita por la Abadía volvimos a la nave central para unirnos a una Eucaristía que, a pesar de no entenderla porque era en frances, fue emocionante hasta el punto de robarnos unas lágrimas. Allí habitan los monjes y las monjas de la Orden Monástica de Jerusalén, cuya paz reflejada en sus rostros se mete hasta lo más profundo del alma. Gracias por ese regalo.

Algo más profano pero igualmente enriquecedor es pasear por la bahía cuando se retira el mar, pues queda una especie de lodo que cubre los pies con una sensación de frescura aterciopelada. Además permite ver la zona amurallada y la Abadía desde abajo y desde todos los ángulos dando acceso a una pequeña capilla situada en la parte trasera del monte.

De vuelta a la furgo comimos algo y dejamos temporalmente Francia para dirigirnos hacia nuestra próxima parada, Brujas.

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